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Un minuto para saber que hacer

Por Rodrigo Merlo

Escena 1: Trabajo intra-rounds

Faltando diez segundos para el final del episodio, el cronometrista hace chocar unas maderas y el equipo se prepara para subir al cuadrilátero. Cada miembro toma su posición y, antes de subir, barre con la vista su equipamiento para confirmar que todo esté listo. Cuando suena la campana, el minuto de trabajo se pone en marcha. El Entrenador Principal asciende rápido por las escaleras y se desliza entre las cuerdas hacia su esquina. Colgada en la cinta de su muslera lleva una toalla y, dentro de ella, lo imprescindible:
Un tarro grande de vaselina para proteger el rostro del boxeador y favorecer que los impactos del rival resbalen; un gotero con tapa cargado de adrenalina para frenar el sangrado de los cortes; cintas adhesivas por si se aflojan los vendajes de los guantes; y tijerasde punta roma para el retiro del vendaje al finalizar el combate.
En su muñequera porta el equipo de cutman: gasas dobladas para limpiar el corte y envolver el hisopo sobre la herida; una tira de hisopos largos para tratar con adrenalina los cortes; y un pequeño envase con vaselina mezclada con adrenalina para sellar.
Un segundo antes de que el Entrenador pise la lona, el Asistente de la izquierda desliza el banquito de madera por debajo de la cuerda inferior y lo apoya firme contra el esquinero. Así, el boxeador se sienta de inmediato, con buena estabilidad y disminuyendo la posibilidad de caerse. Detrás del Entrenador Principal, el Asistente de la derecha sube y se afirma en el borde del ring con un balde que contiene hielo; en su interior viaja la planchuela de acero, envuelta en un paño con hielo para mantenerla bien fría, y a un costado asoma la botella de agua con boquilla, ya desenroscada, lista para el primer sorbo en cuanto el Entrenador la solicite.
El Entrenador Principal retira el protector bucal apoyando el dedo índice de la mano derecha en la cara vestibular de los molares superiores izquierdos y, sin introducir la uña, realiza un pequeño gesto de gancho para ganar palanca. A continuación, ejerce una tracción corta y controlada en diagonal —del paladar hacia los molares y ligeramente hacia abajo—, lo justo para despegar el borde interno del bucal sin forzar las comisuras. En cuanto el protector se libera, lo retira siguiendo la curvatura del arco dental para evitar torsiones.
Sin cortar el ritmo de trabajo, el Entrenador Principal le entrega el protector bucal a su Asistente de la derecha y, en el mismo gesto, recibe la botella de agua que estaba dentro de la cubeta. Para darle de beber al boxeador, inclina la botella y le administra dos o tres tragos cortos, dirigiendo el chorro hacia el piso de la boca (debajo de la lengua), buscando evitar que trague aire o se atragante. A continuación, devuelve la botella al Asistente, quien acercará la cubeta para que el atleta escupa el agua y, de inmediato, enjuague el bucal dentro del balde.
Durante el enjuague, el Asistente verifica la ausencia de sangre o partículas en el protector bucal. Si detecta cualquier rastro, lo informa al Entrenador Principal para que revise la cavidad oral del pupilo y, en caso de ser necesario, coloque una gasa con adrenalina para detener el sangrado. Al finalizar la limpieza del protector, el Asistente deja una fina película de agua en su interior con la intención de evitar que se adhiera a los dientes al recolocarlo y garantizar un asiento cómodo y un retiro rápido en la siguiente maniobra.
Habiendo retirado el protector, el Entrenador Principal eleva la cabeza del boxeador con un toque en el mentón y explora su mirada para confirmar el estado neurológico. Además, pregunta con rapidez: “¿Estás bien? ¿Sentiste algún golpe fuerte? ¿Te duele algo?”. Si todo es favorable, procede a limpiar el rostro con una toalla. Si detecta alguna anomalía, consulta si puede continuar y, si la respuesta es afirmativa, ofrece un planteamiento estratégico que considere la dolencia mencionada.
Luego, coloca vaselina en pómulos, arcos superciliares y párpados, pidiéndole al boxeador que cierre los ojos. Aplica una capa fina con la yema de los dedos pulgar e índice y comienza a dar instrucciones en frases cortas: “mantén la distancia media, no pierdas el centro del ring, sal de las cuerdas por su izquierda…”. Cuando el árbitro dice “¡Fuera, seconds!”, el Entrenador Principal recoloca el protector; el Asistente de la derecha toma el balde con la botella y el Asistente de la izquierda retira el banquito del ring. El minuto termina: el cuadrilátero vuelve a ser de los golpes.

Escena 2: Cortaron al boxeador

Si al subir al ring hay un corte en el boxeador, las cosas cambian. El Entrenador Principal prioriza la hemostasia. Primero limpia el rostro del peleador con una toalla húmeda para exponer el borde real de la herida y descartar sangre acumulada. Luego extrae de la muslera el gotero de adrenalina y empapa un hisopo hasta que el algodón brille sin chorrear. Indica al Asistente de la derecha que sostenga el gotero a su lado.
El Entrenador Principal introduce el hisopo en la herida y lo envuelve en una gasa para evitar goteos; con los dedos pulgar e índice de la mano izquierda pinza los bordes, cerrándolos hacia el centro. Mantiene la presión durante 40 a 50 segundos (el tiempo máximo entre rounds). Este lapso suele ser suficiente para que la vasoconstricción generada por la presión y la adrenalina contribuyan a la hemostasia. Aprovecha esos segundos para untar, con la otra mano, vaselina en el rostro y dar indicaciones que protejan el corte: “Mantén la distancia en la primera parte del round; si no puedes estar lejos, cubre bien ese corte con tu guardia; si sientes que te impactan en el guante, responde con contragolpe desde esa misma mano…”.
Cerca del final del minuto de pausa, retira el hisopo y coloca un tapón compacto de vaselina con adrenalina dentro del corte, empujándolo con la punta de los dedos para sellar. El Asistente de la derecha, que ya enjuagó el protector, se lo entrega para que el Entrenador Principal lo coloque. Se le da la última frase al pupilo mientras el equipo desciende: el Asistente de la izquierda retira el banquito. El minuto de trabajo ha pasado.

Escena 3: El pupilo tiene dos cortes

Cuando hay dos cortes, la prioridad se ajusta aún más. El Entrenador Principal atiende primero el que más sangra. Limpia rápidamente el rostro con una toalla húmeda para exponer bordes reales, identifica qué herida sangra más y ordena el trabajo.
Retira el protector bucal y se lo da al Asistente para que lo lave. Atiende el primer frente (Corte A): extrae el gotero de adrenalina, empapa el hisopo hasta que el algodón brille sin chorrear, introduce el hisopo en la herida, lo envuelve en una gasa para evitar goteos y le pide al Asistente que pinza los bordes con presión firme.
Segundo frente (Corte B): toma el gotero del Asistente de la derecha, empapa un segundo hisopo y lo coloca en la segunda herida; lo envuelve en otra gasa y le pide al Asistente de la izquierda que lo sostenga “en gancho”. El Asistente abraza el borde con pulgar e índice, empuja la gasa hacia dentro y mantiene la presión sin desplazar el coágulo.
Con ambos frentes controlados, el Entrenador Principal aprovecha para untar vaselina en el resto del rostro, hidratar con dos tragos cortos y ordenar el plan de combate con frases ejecutables: Ejemplo “frénalo con la izquierda en punta al plexo y sube con voleas; en las cuerdas, haz clinch”. El mismo Principal lava el protector en la cubeta y lo recoloca.
Faltando unos segundos, retira el hisopo del Corte A y coloca un tapón compacto de vaselina con adrenalina. Entrega el hisopo al Asistente que lo sujetaba para que lo deseche bajo el ring. Luego retira el del Corte B y sella de igual manera; el Asistente correspondiente descarta el hisopo. Finalmente, el Asistente de la derecha recoge el balde con la botella; el Entrenador Principal desciende y el Asistente de la izquierda retira el banquito. El minuto se agota con ambos sangrados controlados, el rostro sellado y la estrategia ajustada.

Escena 4: El boxeador está cortado e inflamado

Si al corte lo acompaña una inflamación que asciende hacia el ojo, la prioridad es doble y simultánea: detener el sangrado y controlar el edema para preservar la visión. El Entrenador Principal delimita primero el terreno: limpia con una toalla húmeda y fría la zona del corte —sin frotar— para exponer el borde real, retira la sangre acumulada y luego seca solo el contorno (la superficie queda húmeda para no arrancar el coágulo naciente).
Extrae el gotero con adrenalina, empapa un hisopo hasta que el algodón brille sin chorrear y lo introduce en la herida; lo envuelve en gasa para evitar goteos y, con la mano izquierda, pinza los bordes con pulgar e índice, cerrándolos hacia el centro con presión firme. Pide al Asistente del lado del corte que sostenga el hisopo “en gancho”. Entonces toma la planchuela de acero del balde con hielo.
La planchuela llega fría para que el Entrenador Principal la coloque sobre la inflamación, sin frotar ni masajear: solo debe apoyarla con un leve ángulo que lleve el líquido lejos del ojo y ejercer una presión suave para facilitar la huida del líquido subcutáneo. Mientras mantiene esa presión con una mano, con la otra distribuye vaselina por el resto del rostro y ajusta la estrategia con frases puntuales: “trabajá largo con jabs y medio paso atrás; no te quedes en cuerdas; abrázalo y girá”. El Asistente de la derecha lava el protector en la cubeta, confirma que no haya restos de sangre y lo deja listo.
Cuando la tumefacción cede lo suficiente y el sangrado se estabiliza (tras 40–50 segundos de control combinado), el Entrenador Principal retira el hisopo con cuidado y coloca un tapón compacto de vaselina con adrenalina, empujándolo con los dedos para sellar. La planchuela vuelve al hielo; el protector regresa a la boca en un solo gesto. El Asistente de la derecha desciende con balde y botella, el Asistente de la izquierda desecha el hisopo y retira el banquito, mientras el Entrenador Principal abandona el ring con la última consigna. El ojo recupera horizonte y el cuadrilátero vuelve a ser de los golpes: misión cumplida en sesenta segundos.

Escena 5: El peor de los escenarios

Cuando coinciden una laceración, una inflamación que asciende hacia el ojo y un sangrado nasal, el Entrenador Principal fija un orden de prioridades:
1) Laceración (hisopos, adrenalina, hielo y gasas).
2) Epistaxis (tapón de algodón, hisopos, hielo y adrenalina).
3) Hematoma (planchuela de acero).
La lógica es simple y clínica: lo más probable que detenga un combate es un corte que no deja de sangrar, por eso se trata primero. Después se atiende la nariz, para que la sangre no comprometa la respiración. Por último, se trabaja el hematoma, que suele dar algo más de margen antes de tapar el ojo y poner en riesgo la continuidad del combate.
Existe una excepción: si la inflamación progresa con rapidez y amenaza cerrar la visión de inmediato, se reordenan las prioridades y se interviene primero la lesión que más probablemente provoque la detención.
Tras retirar el protector, el Entrenador Principal limpia con una toalla húmeda y fría la zona del corte, para exponer el borde real de la herida sin arrancar coágulos. Luego empapa un hisopo con adrenalina hasta que el algodón brille sin chorrear y lo introduce en el corte; lo envuelve en una gasa y, con los dedos pulgar e índice, pinza los bordes con presión firme, indicándole al Asistente del lado del corte que sostenga el hisopo “en gancho” sin desviar el coágulo (presión estática).
Resuelto el primer frente, atiende la nariz: le pide al boxeador que sople en un trapo para limpiar y, a continuación, coloca un tapón de algodón en la narina afectada unos segundos; lo retira para identificar la mancha más notoria (profunda o superficial, interna o externa), que delata el punto sangrante. Entonces empapa otro hisopo con adrenalina y lo aplica puntualmente sobre esa zona, mientras pinza desde fuera el cartílago alar y el borde del tabique en U invertida (pulgar e índice en gancho apuntando hacia el suelo). En la palma de esa misma mano apoya una pequeña bolsa con hielo o agua fría sobre la glabela para sumar vasoconstricción por frío, y le pide al otro Asistente que mantenga esto por unos 40–50 segundos.
Con el corte y la nariz bajo control, pasa al tercer trabajo: toma la planchuela de acero del balde con hielo y la aplica sin arrastrar ni masajear, con contacto prolongado y estático, e inclinación que lleve el líquido subcutáneo lejos del ojo. En esa sincronía, con la mano libre unta vaselina en pómulos y arcos superciliares y da instrucciones técnico-estratégicas que permitan finalizar el combate: “trabaja largo; no te quedes en las cuerdas; si te encierra, gira por su izquierda; cubre tu rostro derecho”. Finalmente, el mismo Principal lava el protector y se lo coloca.
Para que el pupilo vuelva a salir, el Principal retira la planchuela y confirma que el edema cedió, saca el hisopo del corte y deja un tapón compacto de vaselina con adrenalina en la laceración. Retira el hisopo de la narina. El Asistente de la derecha desciende con balde y botella; el de la izquierda retira el banquito, y el Entrenador Principal sale con la última consigna. En sesenta segundos, el corte queda sellado, la nariz controlada y la inflamación redirigida: el ojo recupera horizonte y el boxeador vuelve a ver el centro del ring.

Epílogo: Roles y materiales como partitura

El Entrenador Principal entra siempre con vaselina, gasas e hisopos; decide y ejecuta el plan de control de daño y la táctica. El Asistente de la derecha administra el balde con hielo y la botella de agua, lava el protector bucal y entrega la planchuela de acero cuando la inflamación lo exige. Por su parte, el Asistente de la izquierda gestiona el banquito y ofrece presión “en gancho” cuando un segundo frente lo requiere. Cada descanso es un minuto de ingeniería humana: limpiar, ver, decidir, sellar, indicar. Y volver a pelear.
Fuente: Rodrigo Merlo (2005) .The Cutman, León-Guanajuato.

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